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Liderar con el ejemplo, ¿postureo o necesidad?

Sobre la importancia que tiene ser ejemplar en la forma de hacer las cosas y su impacto positivo en las organizaciones.

Me siento una persona muy afortunada por tener la suerte de haber estado durante muchos años cerca de procesos de innovación, búsqueda de nuevos modelos de negocio y formas de hacer las cosas... Todo ello me ha permitido crecer enormemente tanto personal como profesionalmente.


Desde hace ya tiempo dedico tiempo, periódicamente, a darle vueltas a mi forma de trabajar, a retarme a mí mismo para ver cómo puedo seguir evolucionando profesionalmente, en este contexto en el que nos encontramos.

Un contexto donde los nuevos modelos de negocio, la inmediatez, la incertidumbre, nuevas fórmulas de inversión, de aceleración de empresas, etc.., nos están llevando a extremar la visión de los resultados a corto plazo y, en mucho casos, a casi olvidarnos del resto.

Esta cuestionable necesidad de inmediatez me ha hecho pensar sobre una posible perdida visión sobre la importancia que tiene el cómo hacemos nuestro trabajo día a día y sobre la responsabilidad que todos tenemos en hacer sostenible el negocio en el largo plazo y sobre las personas que trabajan con nosotros (máxime si encima tenemos un equipo a nuestro cargo). Personas, por otro lado, que yo considero somos el factor clave para la generación de los resultados a corto, medio y largo plazo.


Aquellos que tenemos hijos sabemos de la importancia de dar un buen ejemplo, de esforzarse para que los niños adquieran unos hábitos, una forma de hacer las cosas de forma natural, en base a lo que ven en casa.

Porque es verdad, aprendemos de lo que vemos.

Y debe ser verdad porque parece que se aplica a todos los ámbitos de la vida, ¿quién no recuerda a un profesor en concreto que le aportó algo diferente a los demás?, ¿o esa persona del trabajo que te ha convertido en un mejor profesional? ¿o aquello que aún seguimos haciendo y que aprendimos de nuestros padres?


Yo soy de los que piensan que esforzarse por ofrecer un buen ejemplo es la mejor forma de ganar el respeto y la credibilidad necesaria para abordar cualquier proyecto con eficacia.

Los resultados sólidos se consiguen a base de esfuerzo, compromiso y aprendizaje del equipo, donde la individualidad queda en un segundo plano y reto trata de descubrir los talentos de cada persona del equipo para apoyarse en ellos y construir. Donde la jerarquía es un mal necesario por el que muchas organizaciones tienen que pasar, pero nada más. Donde el error es la forma de aprendizaje más rica. Donde los resultados llegan, pero aportando un valor adicional a la cuenta de resultados: el valor humano, el compromiso de aquellos que se han dejado la piel, con pasión y energía, porque creían en lo que hacían, más allá de la contraprestación económica de final de mes, que dicho sea de paso, a todos nos viene bien.


Y esta forma de entender cómo hacer las cosas se contagia, motiva y perdura en el tiempo.

Cada vez más, me encuentro con muchas compañías que están en procesos reales de transformación y que están en búsqueda de nuevas formas de trabajar aplicando metodologías ágiles, design thinking, modelos de lean start up, intentando facilitar el emprendimiento dentro de la organización.

¿Cómo van a abordar nuevas formas de trabajar que se basan en la transparencia, la sencillez, el respeto por igual de los integrantes de los equipos, de los tiempos, de los puntos de vista, donde la inspiración y la concreción conviven, que fomentan la autogestión, si se sigue aplicando el ordeno y mando en contextos de burocracia avanzados, con falta de flujos de información y dónde hay más patrones que marineros?


Este desfase, esta gran paradoja, es el motivo por el que se dice que realmente la transformación digital lleva más pronto que tarde a una transformación cultural (o mejor dicho, quizá sea una transformación cultural en sí, más que digital) y que ésta es, sin duda, la clave de la evolución, las personas, la forma de hacer las cosas.

En definitiva, quizá este modelo que genera verdaderos líderes basándose en el buen ejemplo sea, en los contextos de digitalización en los que estamos inmersos, una de las claves para tener un gran impacto positivo en las organizaciones.


Y yo.., pues seguiré esforzándome para ganarme el respeto y la confianza de aquellos que se crucen en mi camino, en base a lo que hago y cómo lo hago.


Ahora con más sentido que nunca.., aunque no siempre lo consiga.

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